Esta es mi manera de ordenar la red usando Pi-hole como servidor DNS y Nginx Proxy Manager cómo proxy, todo en Proxmox.
Llega un punto, casi sin avisar, en el que tu red doméstica deja de ser un router con cosas colgando y empieza a pedir orden. No más IPs memorizadas a la fuerza, no más puertos abiertos porque sí, no más notas mentales del tipo “esto iba por el 8083… creo”. En este artículo no va de instalar Pi-hole ni Nginx Proxy Manager. Hay docenas de tutoriales excelentes para eso, y repetirlos sería ruido innecesario. Esto va de cómo encajan, de por qué tiene sentido usarlos juntos y de cómo Proxmox, con contenedores LXC separados, convierte el caos en algo razonablemente civilizado, y sobre todo usable para los demás usuarios de casa, si quieres...
El escenario
Mi base es Proxmox, pero puedes usar la que más te guste. No lo hago por moda, sino porque cuando empiezas a separar servicios en contenedores, la cabeza descansa. Además, todo mi lab ya vive en Proxmox y si empiezo a levantar más cacharros físicos, Endesa me hace cliente VIP.
NdA: Cuando creas los LXC puedes usar los recursos por defecto, pero verás que te quedas corto bastante rápido. Mi recomendación es darles algo más desde el principio.
Un LXC para Pi-hole
Un LXC para Nginx Proxy Manager
Otros LXCs para los servicios que quieras publicar
Cada cosa en su sitio. Cada problema con su frontera clara.
| Mi Proxmox |
Pi-hole: más que bloquear anuncios
Pi-hole suele presentarse como un bloqueador de publicidad, y una manera de mantenerte en el anonimato, Lo es, y muy bueno. Pero ese no es su superpoder principal, Pi-hole es, ante todo, un servidor DNS.
Y cuando decides que sea el DNS de tu red, pasan cosas buenas:
- Tú decides cómo se resuelven los nombres
- Los servicios internos dejan de depender de IPs
- La red se vuelve predecible
En una red pequeña puedes sobrevivir a base de IPs memorizadas. En cuanto crece un poco, eso se vuelve frágil, no estamos hechos para ir recordando secuencias de números. Un dominio interno es la forma de poner nombres estables a servicios que, por debajo, pueden cambiar. No es una cuestión estética: es una capa de orden. Elegirlo bien evita comportamientos raros y ahorra tiempo cuando algo deja de responder. Así que le decimos Adiós al 192.168.1.20 para entrar a Proxmox y le decimos hola al Proxmox.lab, o Proxmox.casa o el que mejor te convenga.
Durante bastante tiempo usé .local. Parecía lógico. Era local. Funcionaba… hasta que empezó a no hacerlo de formas extrañas. Tras investigar y golpearme siempre con la misma pared, vi que el dominio ".local" está reservado para multicast DNS o mDNS. Eso significa que Windows, macOS, impresoras y demás fauna intentan resolverlo por caminos alternativos antes de preguntar al DNS tradicional.
El resultado es una red que a veces responde y a veces decide filosofar, y por eso ya casi nadie lo recomienda, y con razón.
En mi caso, lo que hice fue cambiar a ".lab" fue una de esas decisiones pequeñas que eliminan problemas grandes, y tras días batallando la verdad es que fue toda una alegría:
DNS clásico
Resolución consistente
Cero comportamientos mágicos
Nginx Proxy Manager: el portero elegante
Si Pi-hole es el cerebro que resuelve quién es quién en la red, Nginx Proxy Manager (NPM) es el portero que decide quién entra y cómo. Su magia no está en la complejidad de comandos, sino en centralizar el control y simplificar la gestión.Rol de NPM
Un único punto de entrada para todos los servicios.
Redirección inteligente según el nombre de dominio.
Gestión visual de certificados SSL, automática y sin dolor.
Ventajas de separar el proxy del servicio
Tener NPM en su propio LXC te da:
Flexibilidad: agregas o quitas servicios sin tocar el proxy.
Seguridad: los contenedores no se exponen directamente a internet.
Orden mental: un solo panel para todo el tráfico.
Estrategia de nombres y subdominios
Pi-hole resuelve
servicio.lab
NPM decide a qué contenedor apunta; nuestro caso apunta al NPM.
Resultado: URLs simples, predecibles y legibles
Cliente
│
▼
Pi-hole (DNS) 192.168.1.53
│
▼
Nginx Proxy Manager 192.168.1.34
│
├──► LXC Proxmox 192.168.1.90:8006
├──► LXC Nextcloud 192.168.1.91:443
├──► LXC Plex 192.168.1.92:32400
└──► LXC MeTube 192.168.1.93:8081
Lo que NPM te ahorra
No memorizar puertos extraños
No tocar nginx manualmente por cada servicio
Posibilidad de crecimiento sin caos
“NPM es el portero que no se cansa, que nunca olvida nombres, que te deja dormir tranquilo mientras tus servicios hablan entre ellos con respeto.”
Cómo encajan las piezas
Aquí está la idea central, y no hace falta una sola línea de comando para entenderla:
El navegador pide
servicio.labPi-hole resuelve ese nombre y apunta al LXC de NPM
NPM recibe la petición y la envía al contenedor correcto
DNS decide a quién llamas.
El proxy decide quién responde.
Lo que no haces
A veces el verdadero progreso está en las cosas que dejas de hacer:
No abres puertos innecesarios
No recuerdas IPs
No gestionas certificados en cada servicio
No mezclas responsabilidades
Cada pieza tiene una función clara. Cuando algo falla, sabes dónde mirar.
El resultado
El resultado no es solo técnico, es mental:
URLs limpias
Servicios coherentes
Red entendible incluso meses después
No es la única forma de hacerlo. No es la más rápida. Pero es una de esas configuraciones que, una vez montadas, dejan de molestar. Y eso, en una red doméstica, es oro.
Cierre
Autoalojar servicios no va de acumular contenedores. Va de entender qué papel juega cada cosa y de construir algo que no se derrumbe cuando pasa el tiempo.
Pi-hole como DNS y Nginx Proxy Manager como proxy inverso no son trucos avanzados. Son piezas sencillas bien colocadas.
Y cuando las piezas encajan, la red deja de ser un experimento constante y se convierte en una herramienta fiable.
Que, al final, es justo lo que uno busca, y poder disfrutar del trabajo sin estar siempre con un ojo encima para ver si todo funciona correctamente.